04 de Diciembre del 2013

Obesidad ya bolsillo de gobiernos de América Latina

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PerúNacional

La situación se revirtió sin que lo notáramos. Pasamos de niños desnutridos a pequeños con obesidad y sobrepeso, con México liderando a nivel mundial, según datos de Unicef.

 

El cambio generacional se evidencia en las abuelas que siguen considerando bajos en peso a sus nietos predilectos, aunque sea todo lo contrario.

 

El auge de los alimentos procesados, listos para consumir y baratos, nos cambió la cara, y el resto del cuerpo. Hoy los gobiernos latinoamericanos sufren donde más les duele.

 

Según un estudio publicado en 2010 por la Secretaría de Salud de México y titulado Acuerdo Nacional para la salud alimentaria, estrategia contra el sobrepeso y la obesidad, los costos directos de las enfermedades vinculadas a estas condiciones ascendieron a US$3.500 millones, el 33,2% del gasto federal anual en salud.

 

El punto de quiebre ocurrió precisamente en México y tiene a la industria alimentaria con sus alertas encendidas. Se trata del alza de impuesto a los refrescos de un peso mexicano por litro y de 5% extra a la "comida chatarra", como denominan en México a los productos alimenticios de 275 kilocalorías (o más) por cada 100 gramos.

 

"No fue un tema que se tocó durante la campaña del presidente Peña Nieto", confirma Xiuh Tenorio, ex diputado mexicano y presidente honorario de la Fundación Mídete.

 

"Pero la posición ha sido muy cercana de escuchar a las organizaciones, mientras el gobierno anterior se pasaba defendiendo a la industria". Los fabricantes de alimentos en México acusaron recibo del cambio de timón. Ante el nuevo impuesto la cámara azucarera dijo que "golpeará a los más pobres, pues es en el estrato de más bajos ingresos donde hay un mayor consumo".

 

La directora del Consejo Mexicano de la Industria de Productos de Consumo (ConMéxico), Lorena Cerdán, comentó públicamente que las empresas que representa están preocupadas por el precedente que establece en otros países. Y se refiere a gigantes.

 

Entre las 45 empresas que componen ConMéxico, sólo las cinco mayores que producen alimentos (Bimbo, Lala, Gruma, Nestlé y Sigma), facturaron más de US$30.000 millones en 2012.

 

La organización incluye también a compañías de tabaco como British American Tobacco México, cuya experiencia en avalanchas mediáticas y legales no es menor.

 

"Los productos ultra procesados necesitan regulación del mismo modo que el tabaco", comenta Geofrey Cannon, académico del Centro de Estudios epidemiológicos en salud y nutrición de la Universidad de São Paulo. Este diagnóstico es compartido por la directora general de la OMS, Margaret Chan.

 

En un discurso en Helsinki en junio pasado, también comparó la industria alimentaria con la del tabaco. "Les teme a las regulaciones y usa las mismas tácticas: lobby, promesas de autorregulación, demandas y financiamiento de investigaciones para mantener al público en duda", comentó, poniendo énfasis en que los gobiernos priorizan los grandes negocios ante la salud.

 

"Aprendimos de la experiencia con la industria tabacalera: una corporación poderosa puede venderle al público cualquier cosa". En este escenario, la industria en América Latina implementa con premura nuevas estrategias. Porque todo indica que las cosas no volverán atrás. La letra chica. Una cosa es ser cauto y leer la letra chica para saber a qué atenerse.

 

Otra cosa es que no haya letra en absoluto. Hoy damos por hecho que los alimentos son regulados y que podemos confiar en el etiquetado. Pero la coerción para que las industrias nos informen es precaria: hoy no hay tratados internacionales que obliguen a los países a tener una regulación (como es el caso del tabaco).

 

Según un estudio de la FAO de 2010, en América Latina sólo Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Chile han obligado al etiquetado de todos los alimentos. En los demás países es voluntario, y sin regulaciones en República Dominicana, Haití y Honduras. Tampoco hay consenso respecto a acelerar la situación.

 

"Con leyes no se va a evitar que la gente coma grasa", comentó el ex presidente peruano Alan García en mayo pasado. Demostrando cómo la salud se mezcla con la política, criticó por televisión una nueva ley promulgada por el presidente Humala.

 

"Si es por eso habría que prohibir los chicharrones, que son tan buenos", comentó el ex presidente, famoso por su masa corporal.

 

La ley en cuestión restringe la publicidad de comida no saludable a los niños y el obsequio de juguetes en alimentos procesados. Es el fin de la Cajita Feliz y los tazos. Leyes similares están en tramitación en Chile, Brasil y Argentina.

 

Pese a los anuncios, las cosas no se dan tan rápido como freír una papa: estas leyes luego de aprobadas pasan a la autoridad sanitaria de cada país, que debe implementar un reglamento, sin un plazo definido.

 

"Los países prohíben según su nivel de exigencia, y hay grandes presiones comerciales también", comenta la pediatra Cecilia Castillo, asesora de la ONG chilena La Liga de los Consumidores.

 

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